Escribir con las amigas. A un año del RIPAZ

En cuanto Zariá lo propuso y fundamos el RIPAZ juntas, cuando todavía ni se llamaba así, nos dimos cuenta de que muchas mujeres que escriben tampoco dicen que escriben. Mucho menos que son escritoras.

Yo misma, durante muchos años me dejé convencer por los rancios preceptos de la literatura de señores y creí que no todos y, por supuesto, no todas tienen derecho a ese importante nombramiento. Mucho menos si escriben sobre amores y no han leído a lOs grandes maestrO y no se han humillado lo suficiente en los talleres de escritura como para merecerlo.

Buah. Hoy después de años de escribir, de trabajar escribiendo digo que no solo soy una trabajadora textual, como dice mi Twitter, sino que soy una escritora.

Y yo sí creo que la escritura es sagrada. Escribo desde siempre y no hay un solo momento en mi vida en el que escribir no haya sido para mí una actividad determinante, explícitamente necesaria y al mismo tiempo abrumadora como la chingada. En el RIPAZ pude decirlo por primera vez en voz alta.

No creo exagerar cuando digo que las mejores cosas que he escrito hasta ahora las escribí en nuestro círculo (o semi círculo), no porque sea mejor o peor en el oficio que hace dos años, sino porque ahí por primera vez lo hice sin miedo.

Escribir en el RIPAZ es escribir en una zona íntima y familiar, donde por encima de críticas ácidas y rotundas hay cariño y cervezas y anécdotas y abrazos y una política en la que el respeto está por delante de cualquier cosa.

Cuando imaginamos este espacio, inspiradas en la genia Vivian Abenshushan, estoy segura que nunca nos imaginamos que seríamos testigas de la construcción de una familia hermosa y funcional (a su manera). Sé que hablo por Zariá cuando digo que estamos conmovidas de que ya hayamos pasado un año juntas.

¿De qué escribimos?

De nuestros viajes, del amor, el sexo, el mal sexo, nuestras cuerpas, la vida, la precariedad, el trabajo, el miedo. Es decir, de lo único vale la pena. Lo doméstico. Lo del día a día. Todo a través del poderoso acto de escribir. Lo que más me gusta en esta pinche vida.

Las morras que esta noche presentan sus textos han escrito cosas que me hicieron reir, que me hicieron rabiar, que me hicieron llorar. Me dieron esperanzas. Pero también estuvieron ahí para mí en momentos duros, en momentos de llanto y de desesperación absoluta. Me levantaron del suelo, me ofrecieron comida y trabajos, creyeron en mí en momentos en los que ni yo daba un peso por mi historia.

Lo que quiero decir es que por sobre todas las cosas creo que lo que hacemos aquí es importante. No importante en los términos de la industria editorial, creo. Importante en la medida de que escribir juntas es sobre todo un acto político lleno de ternura. Por encima de cualquier regla, truco o ejercicio, logramos construir un espacio amoroso, sororo y franco, donde hemos aprendido a narrarnos, a escucharnos con atención y a generar acuerdos en comunidad.

No importa si mañana de aquí salen libros, o un blog o más fanzines. O esa carta que no le enviamos a nuestros padres, o la que quemamos, o la frase que nos acompaña como amuleto en largos viajes en camión. Importa que en un país en el que matan a diez mujeres al día, nosotras nos reunimos para escribir rabiosamente. Nosotras nos reunimos a escribir con las amigas.

Escribo. Soy periodista, feminista, millenial y, sobre todo, lectora. paypal.me/acarrillogl

Escribo. Soy periodista, feminista, millenial y, sobre todo, lectora. paypal.me/acarrillogl